Meditar no es adoptar una postura determinada.
Ni quedarse quietos durante horas como si
fuéramos una piedra al borde del camino.
Tampoco es intentar dejar la mente en blanco,
primero porque la mente lo es todo
y siendo vacío, toma la forma de todas las cosas,
y segundo porque si se trata de eliminar
los pensamientos, éste mismo intento
hace que ganen fuerza sobre nosotros.
Meditar es dejarse caer en nuestro estado
natural original, en lo que realmente somos
y desde allí darnos cuenta de que tenemos
el control sobre la atención, que es la que
enfoca ésto o aquello, dando y quitando
al hacerlo la realidad al mundo en que vivimos.
Los seres humanos tenemos un súper poder:
nuestra atención. Si la dejamos libre de ir
y venir sin que se detenga nunca en nada,
puede decirse que habremos logrado
la iluminación suprema y todo será gozo.
La meditación es solo una ayuda para
quien ha olvidado que la atención
puede ser enfocada a voluntad,
prestada, cedida o liberada.
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