-Intentar aceptar las cosas como vienen.
-Tener clara la meta y no desfallecer ni desviar el camino.
-Controlar los malos impulsos.
-Ante la imposibilidad de empatizar: aceptar y resolver.
A veces la presión es tal que el vapor ha de salir por donde sea y, cuando la válvula está obstruida por el exceso de residuos, la explosión es inevitable.
La mezcla de irritación, falta de autocontrol, ira y el posterior sentimiento de culpa es un coctel peligroso.
Hoy veo que he madurado en todo este tiempo, que todas mis lecturas, meditaciones y conversaciones sobre bienestar y serenidad me han ayudado a no involucrarme en primera persona en el conflicto, a ver las reacciones de los otros tal y como yo las he tenido innumerables veces.
Hay un párrafo de Concha Barbero que dice:
"No estás obligado a entenderte con quien no puedes hacerlo, incluso aunque tengas que codearte con esa persona, en el día a día. Es contraproducente para los dos. Perdonar no implica seguir ligado a quien liberas de ti. Lo fundamental es olvidar de raíz el daño que te ha hecho (o crees que te ha hecho…), porque, aunque sólo sea por higiene mental, sueltas un resentimiento que te encadena a quien menos deseas estar amarrado.
Se perdona y, después, se deja ir.
Desde esta perspectiva, cada vez será más común encontrarte con relaciones satisfactorias, porque habrás eliminado el sentimiento de frustración que produce esperar lo imposible, y porque, al comprender, tendrás mayor capacidad para amar".
Me gustaría poder transmitirles esta perspectiva para evitar sufrimientos innecesarios pero es cierto que cada uno tiene su momento para entender y no se puede forzar nada.