Siempre fuiste una niña con mucha energía. De bebé sólo hacías llorar y llorar y eso me desconcertaba bastante. Me ponías contra las cuerdas constantemente, antes incluso de hablar.
Imaginación desbordante, dueña de las letras. Aún guardo los cuadernos de relatos que tus profes han ido atesorando como pequeñas joyas.
Con los años empezaste a modelar tu carácter. Independiente, rebelde, aguda, irónica, miura, sí miura, de las que embisten cuando se siente atacadas, sin miedo con fuerza.
Miras directamente a los ojos, sin titubeos, igual de intensa en la ternura que en el desafío. Amas a muerte y no odias, intentas entender qué pasa con el otro.
Ahora te miro y admiro tu estela, esa que te envuelve como una luz. Atraes a la gente con tu buen hacer, has madurado tanto y tan acertadamente que no puedo más que sentir todo el agradecimiento del mundo por tenerte y disfrutarte.
Esta tarde me preguntabas cómo me gustaría que fuera tu vida y sólo he podido decirte: "feliz", porque es lo único que veo en tu camino.
Eres buena gente con valores y principios admirables, con una cabeza sensata y lúcida, un corazón grande y toda la buena guasa del mundo.
Lista, divertida, imaginativa, amiga, hija y seguro que buena madre si algún día quieres serlo.
