MI MEMORIA

Siempre he sabido que mi memoria es, fundamentalmente, olfativa.



El mundo de los olores siempre me ha fascinado, no tanto el de los perfumes (aunque hayan marcado ciertos momentos de mi existencia), como el olor de la vida. Es más, todos los recuerdos importantes de mi transitar van asociados a algún olor.



Recuerdo el olor del talco que mi madre ponía sobre mi piel al darme un baño en esa maceta de cinq que sustituía el frío de los azulejos por el calentito de la mesa camilla, no tendría yo más de cuatro o cinco años y aún lo conservo.



Ese olor que desprendían las sábanas limpias , lavadas con jabón casero, blanqueadas al sol sobre ramas de lavanda y planchadas con agua de arroz o con almidón, y el crujir con el roce de mi piel. El beso de buenas noches , arropándome y con ese olor a polvos Maderas de Oriente.



Los días de matanza, todo impregnado con el olor a cebolla, ajos, morcillas en el caldero, chup,chup.



Matalaúva, clavo, ajonjolín, canela, humm, pestiños de Semana Santa.



Veranos de sol y mar. Olor a salitre, algas, pescado, espetos, olor a sal.



El dulce aroma de las muñecas , esas que tenían el pelo cosido a la cabeza por cientos de pequeños orificios.



Una adolescencia con “Gotas de oro”, “Simpatía”, gel Nelia y desodorante Tulipán negro.



Joven universitaria con tendencias hippies , barritas de sándalo y pachuli.



Noches de mayo en cruces y patios, jazmín y azahar hasta perder el sentido. Claveles gitanos colgando entre las rejas de la judería y olor a rio, olor a Guadalquivir.



Bebés con Nenuco, y después, gomas de borrar, punta de lápiz, barra de pegamento, cartera nueva.



Cocina, especias, pasteles, recetas prestadas, olores compartidos en un domingo de cocina, con cadena dial y un vino, y un baile. Olor a arroz de domingo, de muchos domingos.



Frasco en forma de estrella de cristal con Angel dentro, mezclándose, a veces, con Chanel (for men), pocas veces pero acertadas. Albaycin, glicinia, jazmín, también aquí. Olor a luna , luna mora.



Café, como no, toda mi vida, café al amanecer en la taza de mi abuela; café en mi adolescencia, a escondidas; café en la universidad;café con los amigos, con los novietes; café en las noches de insomnio por la fiebre de los niños, café de por vida.



Olor a esencia de tremetina, óleo, cola piscis, laca zapón.



Muchos olores, no todos, y cada uno me hace volver al momento preciso en que lo recuerdo. Cierro los ojos y tengo a sensación de estar allí, recuperando momentos, lugares, personas, caricias, amores.



Olores, olores miles.

6 comentarios:

pati dijo...

Hueles a vida...

;)

:)

Lucía dijo...

¡¡Cuántos olores reconozco!!
Toda una vida enredada en ellos.
Añil, precioso.
Gracias por revivir mis olores;)
Un beso.

añil dijo...

Me encanta veros por aquí.

Besitos cordobeses.

Ana dijo...

Muchos de esos aromas también forman parte de mi vida. Yo también tengo memoria olfativa..Y el último recuerdo que tengo es el del olor a limpio de alguien que conocí una noche de marzo...De hecho tengo ese aroma grabado en mi memoria.
Gracias, de todo corazón.
Muchos besos guapa.

añil dijo...

Besos para ti, ana

Ana Gonzalez dijo...

Fijate añil que por tu memoria de olores se que somos de la misma quinta, ja, ja, ja, y añado otro olor el de los claveles de mis procesiones gaditanas. Me ha encantado tu entrada.