La mar.


La mar estaba tranquila, pero amenazaba oleaje; era como una calma chicha, de esas que, en verano, traen de la mano una tormenta. Salí a pasear en mi barca, aún sabiendo que no me llevaría a buen puerto, pero no podía dejar de remar, hacía mucho que necesitaba ese cuerpo a cuerpo con la naturaleza.
Hoy, desde el atraque y con la mar serena vuelvo a ser yo. 
Aún estoy un poco mareada.  

Me ha hecho mucho bien, ya no me da miedo la mar.


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6 comentarios:

Ana dijo...

Pues eso es lo mejor, que seas tu...
Muchos besos preciosa.

rivela dijo...

Estupendo que vuelvas a ser tu, despues de estos dias de "marejadilla" en tu vida. biquiños

Juan dijo...

Si es que la barca no la debes de dejar quieta nunca. Un bso y @nimo.

Lucía dijo...

¿ Ves?, saliste victoriosa del cuerpo a cuerpo...
Enfrentarnos a nosotros mismos con la verdad, para poder perder los miedos.
Me guardo la reflexión, Añil.
Un beso!!

mariajesusparadela dijo...

No cabe duda de que para estar bien, hay que tomar el control de la barca. Y seguir remando.

Marinel dijo...

No hay duda de que salir a la mar y enfrentarse a su inmensidad,reconforta y ayuda a situarse...a perderle miedo...
Besos.