Esa delgada línea.

Entre la sinceridad extrema y la mala educación sólo existe una delgada línea.

Está de moda ser sincero, directo, claro y valiente en el hablar.

Siempre ha sido una virtud la sinceridad y la franqueza y sigue siéndolo, pero también la discreción, el respeto al otro y sus circunstancias.

El exceso de sinceridad no es más que una imposición de la opinión propia como la más cierta y coherente.

A veces callar y escuchar es más conveniente. No siempre se debe/puede decir lo que se piensa, aunque sea acertado, porque puede causar daño, rencor, incertidumbre u ofensa y nadie está en posesión de la verdad absoluta.

Los matices dan el color a la vida y, como decia mi madre, "ponte siempre en el lugar del otro antes de dar tu opinión, a todos nos joden (ella decía duelen) casi las mismas cosas".

14 comentarios:

Elvira dijo...

Totalmente de acuerdo. Es que una cosa es ser sincero, honesto, jugar limpio, y otra es imponer nuestra visión de las cosas.

Beso

Anónimo dijo...

Uno de estos días escribiré sobre eso de la sinceridad.
Verás qué divertido.
Un beso.

Ana dijo...

Uff...No tengo más remedio que darte la razón. Y, que soy María clarilla, siempre digo lo que tengo que decir educadamente, pero no todo el mundo actúa igual...
Muchos besos wapa.

mariajesusparadela dijo...

Hoy, como casi siempre, aciertas de lleno.

Pilar Vidal Clavería dijo...

Hola añil,

esa delgada línea de la que hablas la vamos encontrando siempre y forma parte de nuestro camino, es cuestión de aprender y tener claro lo que uno quiere y con lo que está a gusto, a mi particularmente me sirve el pedir lo que quiero y respetar la respuesta.

Un abrazo

José Aguilar dijo...

Hola. Tu madre como casi todas, era realmente sabia. Yo siempre trato de ponerme en el lugar del otro. Respetar a los demás es un modo de respetarse uno mismo. Un abrazo.

leo dijo...

Cuánta verdad hay en lo que dices.
Te lo dice una que está en constante lucha por no traspasar esa delgada línea. Algunos somos bocazas, pero sin mala intención
:-)
Un saludín.

José Alfonso dijo...

Digo yo que es como todo; aunque no se esté en posesión de la verdad, no creo que sea malo decir lo que en verdad se piensa, por mucho que pueda ofender. De todas maneras, cuando así se actúa, como norma general es en respuesta a una provocación.
De todas formas, en líneas generales, lo expuesto, bastante razonable.

Un beso

Nómada planetario dijo...

Es un verdad como una catedral de grande, lo que fastidia que te impongan opiniones o reglas sin sentido.
Una cosa que siempre repudio es cualquier religión imponga a sus presuntos creyentes la forma de vestir o de comer.
Besos sin cortapisas.

Dejame que te cuente dijo...

totalmente de acuerdo contigo..
yo peco de prudente....
me cuesta mucho ser sincera....que no hay que confundir con ser falso...

simplemente suelo callar muchas cosas negativas....algunas veces por no ofender o dalar al otro..y otras por pura cobardia....
siempre me falto determinacion para imponerme....

un abrazo enorme...-)

Antònia dijo...

No podría estar más de acuerdo contigo, Añil!
Yo conozco gente así. Tengo una "amiga" que va de muy sincera y como yo digo siempre, se comporta como si estuviera en posesión de la verdad absoluta. Como tú bien dices, cuando alguien te dice "la verdad" no está expresando más que su opinión. Y yo creo que nadie tiene derecho a amargarle el día a otra persona por decirle por ejemplo "qué mal te queda ese vestido" pues, quién decide eso??
Yo prefiero una mentirijilla piadosa y reservarme mi opinión para mí en estos temas banales que marcan la diferencia entre una sonrisa y un ceño fruncido.
Besos!!

manuel_h dijo...

además, hay muchas formas de ser sincero, sin necesidad de mentir ni de ser un bestia

Anavril dijo...

Mucha razon tu madre. A veces la gente se confunde conmingo y me dice que yo me callo y no digo las cosas... puede ser cierto en alguna medida, pero la verdad es que para decir barbaridades y herir, prefiero callar...actitud cobarde?? puede ser...pero más tranquila...

Lucía dijo...

Totalmente de acuerdo, Añil;)))
Y no te digo la razón que tenían las madres.
Un besazoooo!!