...las subidas y bajadas forman parte de la vida.
Al menos ya sé que todo pasa y que esos días son tan necesarios como los de "vino y rosas".
Hay momentos de la vida que cuestan resolver y vuelven de vez en cuando, aunque cada vez con menos intensidad, para recordar que no siempre se está alerta. En estos casos meditar es mi remedio más eficaz.
Sentarme en medio loto, con uno o dos cojines que ayuden a mantener mi espalda erguida, los ojos cerrados y la línea que une mi mente al mundo tan y tan larga que se pierde en el infinito. Instantes de silencio mientras noto el calor que desprende mi cuerpo, el contacto de los tejidos sobre la piel, el olor del incienso y respiro profundo, sin prisas.
Por un momento volví a mi niñez, a esos ratos en los que mi madre me arropaba junto al calor de la estufa. Olor a piel de madre, ese inconfundible e incomparable, ese dulzor que supera el tiempo y la memoria.
Sí, si que sé quererme, cuando me envuelvo en esa luz soy feliz y no hay nada más fuera de ahí.
1 comentario:
En estos tiempos de la inmediatez no hemos olvidado de reflexionar, siendo como es la meditación el combustible del intelecto.
¡Feliz día!
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