O tan mucho, depende de cómo se mire.
Llegan los hijos a casa y todo se vuelve del revés y si además se alternan para no coincidir ambos y tenerme ocupada más días, ni hablamos.
Viajes de ida y vuelta a la estación de autobuses más cercana para dejar y recoger hijos y equipajes, casi todos de ropa para lavar, secar y planchar , proceso que realizo con el mayor placer del mundo intentado que el perfume del amor que pongo en ello les recuerde a su madre cuando abran la maleta.
Compra en la tienda de turno, la que esté abierta en festivo, porque hay que preparar algo especial en estos días, a ver si así se entusiasman y vienen más a casa.
Tardes de té y charla, mimos y confidencias, amor en estado puro.
Sábado de compras y cocina preparando cositas ricas que llevar para las cenas en su casa de Graná cuando invitan algún amigo/a..
Una semana extraña de días sí y días no, con ellos y sin ellos y Domingo fin en fiesta.
Mi marido anda un poco descolocado, como si mi atención estuviera demasiado dispersa.
Viaje de Domingo a tierras moras, cargada de viandas y cariño, todo el que cabe en mi pecho , todo lo que puedo dar a mis pequeños.
Espero impaciente el próximo encuentro, los echo tanto de menos.
Mis apuntes me esperan a mi.
3 comentarios:
Suena genial...
Nadie comprende los desvelos de una madre antes de tener hijos. Lo que se dice amor sin medida. ¡Felicidades!
Y ahí estás viviendo ese momento.
Y yo me alegro.
La intensidad es felicidad
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