Veinticinco del dos.

Observo que algunos programas se debilitan. 
Esas eternas reacciones automáticas ante situaciones repetitivas se van desactivando como por arte de magia.
Dedico mi atención a observarme.
Cuando noto esa sensación de ira que sube hasta mi cabeza, justo en el momento en que una palabra, un gesto, un silencio acciona el "click", me digo : "vale, ha vuelto, a ver ahora qué es."
A veces entiendo el programa y me río de mi reacción, otras sólo espero a que pase y repito el proceso cada vez que se presenta.

Supongo que esta insistencia cansina en aceptar el juego termina por ser efectiva.

Por lo pronto hoy, sin saber bien cómo, un "evento de alto riesgo", me ha llegado envuelto en una pashmina de mullido algodón.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Escueto y potente.

Nómada planetario dijo...

Todo nuestro programa mental necesita de continuas actualizaciones, más que Windows. Aún así quedan bucles sin resolver.
Besos en sector de inicio.