"El joven discípulo de un filósofo sabio llegó a
casa de este y le dijo:
—Maestro, un amigo suyo estuvo hablando
de usted con malevolencia.
—¡Espera! —lo interrumpió el filósofo—.
¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a
contarme?
—¿Las tres rejas?
—Sí. La primera es la reja de la verdad. ¿Estás
seguro de que lo que quieres decirme es
absolutamente cierto?
—No; lo oí comentar a unos vecinos.
—Entonces al menos lo habrás hecho pasar
por la segunda reja, que es la bondad. Esto que
deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
—No, en realidad no. Al contrario...
— ¡Vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es
necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
—A decir verdad, no.
—Entonces —dijo el sabio sonriendo—, si
no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo
en el olvido.
Cuántos malos ratos podríamos evitar si sometiéramos
a esas tres rejas todo lo que decimos..."
("La culpa es de la vaca" Compilaciones de Jaime Lopera Gutierrez y Marta Inés Bernal Trujillo)
Aplicando el cuento.