mis miedos.


Hace mucho que escribo, creo que desde siempre, desde antes de ir al cole. Escribo con letras, con dibujos, con miradas, con pensamientos.

Uno de esos dias en los que escribes porque no puedes respirar, tras concluir el relato de cómo me sentía, qué me había llevado a eso, cuáles eran las distintas interpretaciones que surgían de mi cabeza y las ganas de morirme que me producía la situación, decidí no romperlo, como hacía siempre.

Busqué una preciosa sombrerera que mi madre guardaba en su armario. Era de un sombrero que mi abuela había llevado a una boda en su primera juventud, su primer sombrero de quince años, ese que desapareció durante la guerra y sólo quedó la caja.

Era una caja redonda de color crema con un cordón de seda algo oxidado por los años. Tenía impreso en relieve con letras doradas el nombre de la tienda donde también lo habian fabricado.

Parece ser que eran sombrereros de toda la vida, de hecho aún siguen con la tienda en el mismo lugar de Córdoba, con los mismos estantes de maderas curadas por los años y corros de cajas redondas con miles de sombreros de todo tipo.

El olor de esa tienda es tan especial que parece transportarte a los años veinte, no sé si es por el cartón, por los productos que usan al planchar el pelo de conejo de los sombreros cordobeses o por el channel nº 5 de las señoras que pasan por alli.

Pues bien, tomé esa caja maravillosa en mis infantiles manos y metí dentro el papel.


A partir de ese momento, cada vez que me sentía mal, cada papel que encerraba algo de mí, bueno o malo, acababa allí, entre mini jabones de Heno de Pravia, de esos que mis padres traían de los hoteles, y restos de flores secas de algún tierno San Valentín adolescente.

Aún sigo haciéndolo pero ahora me sirve para relativizar. De vez en cuando abro la caja, meto la mano y saco uno de esos papeles al azar. Leo los motivos, mi reacción, y analizo desde otra perspectiva y, ¿sabes qué? termino riendo y tirando eso a la basura.

Mi caja cada día pesa menos, hay más jabones de olor y más flores .
Cada nota que meto tiene los dias contados porque mis bajones son menos duraderos y la perspectiva consiguiente, mucho más clara y serena.

Espero poder dedicar esta caja de mis tormentos vividos para guardar velas , incienso, perfumes, y alguna que otra foto interesante, en un tiempo no muy lejano.

10 comentarios:

colibrí dijo...

Me ha encantado tu relato, es precioso. Yo también escribía en momentos en los cuales gritaba o escribía...pero luego los rompía todos.
Y la descripción de la sombrerera...mmmmm
Es verdad que la prespectiva cambia conforme pasa el tiempo y todo se serena y lo que antes era un dramón, luego sonríes.
un besico

Ana dijo...

Pues es buena idea lo de guardar incienso, fotos...
Muchos besos y disfruta del finde wapa.

Ramón María dijo...

Curioso, aún hoy recuerdo mucho de lo sentido, bueno y malo.
Cierto que en ocasiones terminaba escribiendolo y al poco tiempo destruyendo lo escrito, aúnque no olvidandolo.....


Agur. Un saludo

marideliwes dijo...

Precioso :-) Un beso

azul dijo...

Me ha llegado el olor de los envoltorios de Heno de Pravia y me has hecho recordar una caja de madera preciosa que tenia mi madre

No reniegues del todo de la caja, si vas tirando uno a uno,guarda el último es parte de ti ...para que siempre recuerdes una parte del pasado ...como esa caja preciosa

Un beso

Anónimo dijo...

Qué bonito y bien contado, añil.
Y qué sabia te estás haciendo, querida , así pouito a poco eliminando lo que no sirve...

Elvira dijo...

Muy bellamente escrito, Añil. Y esto me recuerda que tengo unas libretas con muchos desahogos escritos que deseo tirar o quemar. Seguro que me sentiré más ligera después. Creo que es el momento adecuado.

Besos

mariajesusparadela dijo...

Pues yo no soy de tirar.Porque el tiempo cambia las cosas y los recuerdos y, si están escritos, nos obligan a ser fieles a la realidad vivida y al sentimiento provocado; aunque en este momento, ambos me hagan sonreir.Es nuestra propia historia, nuestro yo menos maduro que ahora, ¿por que tirarlo o quemarlo?

añil dijo...

Creo que la cuestión no es tirar o no tirar los recuerdos. La naturaleza es sabia y la mente selectiva. Lo verdaderamente importante queda aunque tiremos un papel. Puede que los detalles se vayan pero el recuerdo no. Lo que sí es importante es deshacerse de momentos que han pasado a un segundo plano, que ya no son nada y que, después de un tiempo representan simpáticas escenas dramáticas en nuestra historia.
Ir aligerando el aquipaje hace el viaje más cómodo y placentero y deja sitio para cosas nuevas.

Antònia dijo...

Me encanta la idea!
Intentaré ponerla en práctica a ver si mesale tan bien como a tí.
Yo también releo cosas escritas hace años, y muchas veces acabo llorando y otras... riendo. La difernecia es que yo tengo mis notas desperdigadas por todos los cajones, carpetas y sobres habidos y por haber en mi casa...
Besos!!