Hace mucho,

cuando era una niña, me maravillaba tumbarme panza arriba en el campo y mirar las nubes. Ahora, cuando lo recuerdo veo que esa paz, ese silencio eran meditación en estado puro.
Mi abuelo tenía una casa de labores en el campo y allí había una higuera con un columpio por el que peleábamos los "veintitantos" nietos cada domingo. Lo que yo recuerdo eran las horas tras la comida, cuando los adultos charlaban y los niños jugaban a los chinos y yo me quedaba a solas bajo el columpio, junto al tronco de la higuera, con la cabeza pegada a su base y sentía como si me despegara del suelo, los sonidos de voces y risas se iban alejando y sólo quedaban los pájaros y las hojas en movimiento.


¿Esto se trae de cuna, se adquiere, se pierde?

3 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Incluso lo que se trae de cuna, hay que acrecentarlo.

Nómada planetario dijo...

Lo mío no es el análisis freudiano, pero me parece que hay algo de ello en los genes. Con el tiempo borramos algunas buenas costumbres que teníamos de pequeños.
Besos bajo las nubes.

Migue dijo...

Las costumbres de antes están en nosotros.Con mi madre miraba las estrellas y ella me decía el nombre de ellas. De chico además de contemplar con mucha atención, tenía unas capacidades que se perdieron en el tiempo cubiertas por otras actividades que atraparon mi atención.Hay niños con mayores percepciones que otros.Pero sin duda muchas quedan sepultadas por las novedades tecnológicas del mundo actual.
Un beso.