Mi lechuza tiene ya dos huevos.
Desde el pasado Domingo me asomo cada día despacio por la ventana y ahí está esa madraza incubando sus huevos todo el día y toda la noche, menos el ratito que se pone en la barandilla para estirar un poco, supongo, porque la comida parece que se la proporciona el macho.
Esta mañana me he atrevido a abrir la puerta para regar las otras macetas y parece que nos vamos acoplando bien. Yo no me acerco ni la miro y ella me deja enredar con mis plantas. Supongo que cuando escogió este nido ya sabía que aquí había un animal de dos patas que entraba y salía con frecuencia. El otro, el de cuatro patas, sí tiene prohibida la entrada al recinto hasta que acabe el periodo de crianza.
Me hace mucha ilusión verla cada día y espero que por lo menos uno de los huevos sea polluelo en unas semanas, o los dos.
3 comentarios:
Azul.. que alegría, eso da vida, y una complicidad con la naturaleza, que ... da subidones gratis de felicidad..
no digo mas.. por lo del silencio, jajaja
besos
No es fácil la reproducción en cautividad, pero te deseo lo mejor. Sigue disfrutando de esa naturaleza que controlan tus manos. Besos.
Menudo disfrute contagioso, gracias por contarlo. Bs.
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