Con un lápiz.

Siempre leo con un lápiz como marcapáginas, menos cuando el libro es de pasta dura y se hace incómodo.
El lápiz siempre sabe qué marcar, qué subrayar y qué anotar al margen.
Un libro no está terminado hasta que tiene varios pases de lápiz en su interior.
La primera lectura es siempre en  grafito. Las siguientes en colores. Primero azul, después amarillo y , si hay una cuarta lectura, en violeta.
Es toda una aventura descubrir los intereses destacados en lecturas anteriores y comparar con el momento presente.
Prestar un libro es como desnudarme.

4 comentarios:

Juglar dijo...

También me gusta hacer anotaciones al margen, pero me encanta tu idea de utilizar distintos colores y lo que descubrimos con el paso del tiempo.
Efectivamente, dejas el alma al desnudo si prestas un libro.
Un abrazo.

Francisco Espada dijo...

No seremos almas gemelas, pero también leo con un lápiz en la mano marcando todo aquello que me resulta destacable. Las relecturas vuelven a ser con el mismo lapicero y color, pero casi siempre aparece algo novedoso a destacar. Hace poco le regalé a una amiga un libro que le resultaba de interés y me agradeció por encima de todo el extracto que le significó lo subrayado.
Un abrazo cómplice.

gaia56 dijo...

Pues con la edad voy haciendo más míos mis libros y también anoto, incluso dibujo al margen y efectivamente es desnudarse el préstamo y trueque.
Un beso.

sabores compartidos dijo...

Prestar un libro también es vestir con las ropas de tu alma a la persona que se lo dejaste, jeje, creo.
Me quedo por tu casa, si quieres darte una vueltecilla por mi blog a ver que te parece.
un abrazo