Los días se van haciendo más cortos casi sin darme cuenta. Mi paseo matutino ya se adelanta a los primeros rayos de sol.
Son las siete y me dispongo a salir al campo. Un par de horas con el fresco de la mañana y la compañía de los pájaros que empiezan la jornada.
El paisaje es de contrastes: verde olivos, amarillo "campos de trigo segado", grises de tierra arada, azul casi gris del cielo matutino.
El aire es fresco y resulta una bendición después de la sofocante noche .
Voy caminando y mi mente salta de un lugar al otro, del olor al color , del sonido al tacto.
Hay muchas casitas de campo con huertos increíbles. Las gallinas andorrean picoteando aquí y allá.
Huele a tierra mojada al pasar junto a las tomateras.
Cuando llego a casa me siento bien. Tomo un zumo y comienzo el día.
3 comentarios:
Magnífico paseo, con detalles evocadores a todo aquello que vamos perdiendo, sin darnos cuenta de lo mucho que lo necesitamos..Hoy amanezco con el aroma a tomateras en el rocío. Ah! que bien narrado añil.
Abrazo
En mi opinión, tu día no comienza cuando regresas a casa, sino desde el mismo instante en el que abres los ojos y eres capaz de dar cuenta de cada cosa simple e insignificante que pasa ante ti. La vida son esas pequeñas cosas en su sumatorio. Un texto muy delicado, sencillo y lleno de candor. ¡Felicidades!
Hermoso día, hermosa vida.
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