Algunas canciones son, en mi mente, como las banderitas de una pista de esquí. Están ahí clavadas, en su sitio y no en otro, fijas recordándome el lugar por donde pasé en la vuelta anterior y mostrando las huellas que los esquís dejaron en los giros inesperados.
Una misma canción puede significar ternura, amor, apego o puede ser desagradablemente ñoña y "hartible", dependiendo del trayecto previo al momento de la escucha.
Asociaciones mentales ocultas hacen que lo dulce se vuelva agua, que la rosa se vuelva agua, que el perfume se vuelva agua. Sí, todo incoloro, inoloro e insípido, como me enseñaron en el cole.
Y, al fin y al cabo, qué hay mejor que el agua.
Todos somos eso, agua.
(Y no me refiero a esta canción, esta me gusta mucho)
3 comentarios:
Y esta tarde, bajada de bandera. Primera de mis estaciones de penitencia.
A ver qué pasa.
Pues mucha suerte en esa estación de penitencia...
Muchos besos guapa.
Sea lo que sea... ¡suerte!
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