Mi dios.

Siempre me ha parecido extraña esa necesidad de martirizar el cuerpo para "caerle bien a Dios".
Cuando de pequeña acompañaba a mi madre a la ermita de Cabra y veía algunas personas andando de rodillas o descalzas, cargando niños ya mayorcitos durante los kilómetros que duraba el ascenso, cuando oía a alguien explicar las promesas de ayuno o privación de algún tipo hechas a la virgen o al santo del pueblo o esos penitentes de procesión sangrando con los pies descalzos,  me preguntaba de qué le servía eso a Dios ni a nadie.
El único Dios que yo entiendo es el que cada uno llevamos dentro y el mío no quiere ningún maltrato corporal ni mental. Siempre que le dejo hablar me felicita, me perdona y me desea lo mejor.


Pero claro esto, como casi todo, es libre.

3 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

El mío también es bastante así, pero es exigente conmigo y no me deja ser demasiado perezosa. Creo que se parece bastante a mi.
Por eso, a veces, no lo quiero nada.
(eso me dura poco)

trinidad dijo...

Si cada vez que le dejas hablar te felicita, te perdona y te desea lo mejor, pués déjalo hablar más veces, es más déjalo hablar todos los dias. A mi tampoco me gustan esas promesas, pero pienso que es cuestión de educación. Besitos.

Dol dijo...

Claro que no le sirve .
Pero esto viene de muy antiguo , es el símbolo de que sin sangre nada consigues.
Cuestión de fe.
Besitos nada sacrificados.